¿QUÉ GANÓ EL MIEDO?

No. Ganó la esperanza. El pasado domingo con 4.038.101 de votos Iván Duque se consolidó como el candidato presidencial luego de ganar la “Gran Consulta por Colombia”.

Fue una campaña con altura, con argumentos, con propuestas, con debates, con entusiasmo, con juventud.

Los detractores que vienen de todas las esquinas siempre quisieron polarizar el debate, minimizar las circunstancias actuales en un debate anacrónico de izquierda y derecha, una cruzada torpe por radicalizar y desenfocar lo sustancial.

Iván Duque mantuvo su postura de centro, de equilibrios democráticos, de propuestas, de no caer en descalificar, ni en el insulto personal.

Aquellos desprevenidos de la política siempre juzgaron esa posición como tibia, como vacua, la realidad de las urnas les demostró que el país no se deja confundir, que vacío es aquel que contesta con lugares comunes, con sitios de Internet, ese no es Iván Duque.

A pesar de que se crea que este es el primer peldaño, no es ninguna otra cosa que la consolidación de una carrera personal y profesional meritoria. Iván Duque llegó al Congreso el 20 de julio de 2014 y desde entonces no ha pasado desapercibido.

En un recinto en donde ya poco electrizan los discursos ni los debates, Iván Duque demostró que se era posible ser contundente sin improperios, técnico sin perder el sentimiento, locuaz sin apelar a los gritos.

El trámite de sus proyectos de ley, la calidad de sus intervenciones, el amor por su país y el convencimiento personal de que Colombia merece un viraje hacía la juventud, la tecnocracia, la responsabilidad y las propuestas lo llevaron a ganar la nominación interna de su partido, tras un mecanismo de encuestas compitiendo en franca lid con cinco de sus copartidarios.

El pasado domingo 11 de marzo se cerró un ciclo solo para iniciar uno nuevo, la carrera por el Palacio de Nariño, una en donde otra vez los detractores intentarán polarizar, minimizar, ridiculizar y atacar; un escenario en donde Iván Duque se sabe defender con argumentos, en donde es grande ante la bajeza, y en donde sin perder el foco, sin duda y sin vacilación seguro seguirá cautivando mentes y corazones.

No dejemos que nos hagan caer en el lugar común de creer que los apellidos o el palmarés de puestos burocráticos es carta de presentación, no nos dejemos engañar por aquellos que abandonaron el barco del gobierno actual solo para eternizarse en la burocracia y la mermelada, no nos dejemos robar el sueño de una nueva Colombia, una llena de jóvenes, de mujeres, de niños; un país con un bono demográfico y una edad media de 28 años que necesita educación, emprendimiento, empleo, nutrición, equidad y legalidad; un país que el domingo soñó con algo distinto, un país que está listo para tomar la posta y proclamar a Iván Duque presidente en las urnas.

Gracias Colombianos, gracias compatriotas, gracias a esos 4.038.101 que creyeron en Iván Duque, y gracias a los que están por llegar, sean todos bienvenidos, todos con ideas, todos con propuestas, todos con esperanza, todos vamos a llevar este país al Siglo XXI.

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