LO QUE CALLAN LOS DOCENTES

61226_1Gran revuelo han causado los debates entre la libertad de expresión, la autonomía universitaria, y las afectaciones que estas situaciones tienen en alumnos, docentes e instituciones.

En gran medida la constitución de 1991 y la ley general de la educación (Ley 115 de 1994), permiten a las instituciones la libertad de cátedra, principio desarrollado jurisprudencialmente por la H. Corte Constitucional.

En recientes semanas se ha suscitado una controversia entre la más prestigiosa universidad privada de Colombia – según los rankings internacionales -, una docente suya – además reconocida autora -, y las comunidades virtuales que organizan motu propio los alumnos en redes sociales.

No me corresponde pronunciarme sobre el caso de la universidad y su docente, con quién existe un vínculo laboral y una relación enmarcada por el contrato de trabajo y el reglamento interno de esa institución; pero como docente y alumno sí creo que el advenimiento de las redes sociales y las nuevas dinámicas que han tomado los escenarios virtuales, deben ser objeto de un profundo análisis interinstitucional para poder equilibrar derechos y obligaciones.

La literatura, la docencia y la academia son refugios que como santuarios permiten la libertad, la expresión, la investigación y el análisis. Es tan “sagrado” este espacio, que legalmente es la única actividad que pueden desempeñar simultáneamente los servidores públicos. En esencia, el permitir que diversos profesionales puedan transmitir sus conocimientos en el marco institucional de la universidad es un valioso ejercicio que nos permite equilibrar la enseñanza práctica, la experiencia, y preparar mejor a los alumnos para el mundo real.

No obstante lo anterior, en nuestro país los escenarios como el debate político, religioso, deportivo y ahora educativo, están a la orden de día. Las radios de la mañana promueven profusamente el debate, los noticieros de televisión suelen incluir paneles de SI y NO, o a columnistas invitados para contrastar sus opiniones; en las noches la radio y la televisión siguen esta misma dinámica con programas de “opinión”.

En esencia todo esto es positivo, y construye una dinámica propia de las democracias y de la libertad de expresión, sin embargo, no es menos cierto que las personas podemos tener vínculos institucionales, laborales, filiaciones políticas, religiosas y otras; que deben ser diferenciadas con miras a no causar lesiones a la imagen de estas y de nosotros mismos.

Los docentes deben ser libres en lo que a su cátedra, investigaciones y opiniones corresponde, pero ello no debe rebasar la línea de su vinculación laboral y las obligaciones que voluntariamente pactan con su empleador, en igual sentido los políticos son asiduos visitantes de emisoras de radio y estaciones de televisión, e incluso en el marco de sus labores sus opiniones son inviolables, pero al ser figuras públicas y representar a unos electores no les queda fácil escapar de lo que opinan, pues se intuye que es lo que defienden o sobre lo que votarán o legislarán, esto es aún más valioso en un país sin responsabilidad política alguna.

El hecho de que estudiantes hagan grupos de redes sociales, publiquen bromas, comentarios e incluso hagan caricaturas, “memes” y otros, puede revestir un ejercicio de libre expresión en cuanto estas expresiones no sean injuriosas, calumniosas o rayen en el ciberacoso, conducta sancionada por la Ley 1620 de 2013.

El hecho de prescindir de un trabajador se debe enmarcar en la ley laboral y el contrato de trabajo, supone unos mecanismos y debe garantizar el debido proceso, en igual sentido, el procedimiento disciplinario contra un alumno está reglado por el derecho interno de cada institución a través de su manual de convivencia o reglamento.

En esta época de conectividad, Facebook, Twitter, foros, etc. es necesario incluir estas herramientas en el proceso formativo, pero también se debe procurar introducir una educación respecto a su buen uso. En Alemania, por ejemplo, está en boga el debate de imponer penas privativas de la libertad a quién publique o difunda noticias falsas, lo que es simplemente un síntoma de los niveles que esta situación puede alcanzar.

El docente es libre y debe ser protegido y respaldado por su institución, es un elemento fundamental del ejercicio académico y de la labor educativa, pero no es menos cierto que el docente debe observar la ley, respetar el reglamento de su institución, así como promover la sana y adecuada convivencia en el aula y en las actividades que guía, es en esencia un maestro, y su rol social es superior al de muchos otros actores en nuestras sociedades.

Es un gran alivio poder tener a jueces, funcionarios y abogados en las aulas sin temer represalias por sus opiniones académicas, aunque en la vida real ejerzan su profesión. Igualmente el valor que aportan médicos, literatos, filósofos e ingenieros debe contar con la misma garantía, sin que por ello se de una patente de corso para trascender la delgada línea entre la libertad de expresión y la insolencia.

El docente es un herramienta, y ningún sistema educativo es mejor que los docentes que tiene, de allí la invitación a que en esta atribulada juventud pegada de tabletas y teléfonos inteligentes encuentren también una guía respecto del adecuado uso de las tecnologías y las redes sociales, sin que estos se conviertan en espacios para el matoneo, o en escenarios de debates que trasciendan a la violencia física o psicológica.

@andresbarretog

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