¿MENOS CÁRCEL Y MAS ÉTICA?

Colombia es un país de indignaciones de turno, en una semana podemos vivir más escándalos de los que vive cualquier país en un año, para muchos extranjeros y periodistas es abrumador.

El de la semana pasada fue el espantoso caso de Yuliana y su absurda muerte a manos de un psicópata. Esperemos que  la justicia penal en un país con 90% de impunidad actúe con celeridad y rigor, con el fin de lograr un juicio certero y ejemplar.

Pero, más allá de la pobre Yuliana, hay un debate pendiente en este país, el populismo punitivo de periodistas y políticos, y la falta de ética de varias personas y profesionales.

Con espanto leemos como el hermano del presunto feminicida es un abogado, y que al parecer tuvo que ver con la dilación en que la policía y la fiscalía pudieron acceder al lugar del delito y a la víctima. Más grave aún, hay baches de tiempo, historias confusas, maniobras de distracción, y otras actuaciones que además de constituir delitos, dejan mucho que desear de alguien que haya jurado cumplir la constitución y la ley al recibir el título de abogado.

Igual daño hacen los políticos con su oportunismo y su populismo punitivo que no ha resuelto nada en este país. Además del 90% de impunidad en materia penal, un estado de cosas inconstitucional en materia de hacinamiento carcelario, y un sistema judicial en el top tres de los peores del mundo; ahora tenemos que soportar a los politiqueros de siempre pidiendo cadenas perpetuas, penas de muerte, y castraciones químicas, como si eso resolviera algo.

Seguro que nos costarán más las reparaciones por las muertes por error, o las castraciones y las reclusiones por responsabilidad del Estado, en un país en donde los procesos judiciales, el ritualismo, la demora y el caos, son peores que una pesadilla Kafkiana.

La solución está en nosotros, en la educación, en la ética, y en la moral, en aplicar límites, educar en valores, lo que se aprende en casa, para eso no hay –  ni se tiene – que ir a un colegio con banda de guerra o a una universidad privada, eso se aprende en casa, y si allí fallan los valores, pues el resultado no puede ser peor.

El presunto feminicida hace parte del 0,01% de la sociedad colombiana. Un joven “educado”, de estrato seis, con todas las oportunidades de la vida, y con toda la malacrianza del mundo. Como leía en un blog de El Tiempo este fin de semana, es otro subproducto de esa cultura de todo lo podemos comprar, todo lo podemos pagar, tranquilo mi príncipe que no pasa nada.

Su señora madre realizó su ingreso a la Clínica Navarra después de que los especialistas de la Clínica Monserrat no lo aceptaron como paciente psiquiátrico. Al parecer también – su mami -, encubrió tiempo atrás otro de los escabrosos episodios de su hijito, cuando este ingresó ilegalmente al apartamento de sus vecinos para vestirse con la ropa íntima de la señora de la casa.

Este “principito”, como muchos de los que debemos soportar en la realidad colombiana, es otro de esos “problemas” que no se detectaron o trataron a tiempo.

El hecho de que su hermano, un “prestante abogado”, al parecer hubiese participado en el encubrimiento de un crimen, nos hace recordar su ética flexible cuando celebró la enajenación de unos baldíos y unidades productivas campesinas para elaborar un entramado societario a favor de uno de sus clientes, calificándose como un “abogado sofisticado”.

No me corresponde juzgar su conducta pero espero, en un Estado de Derecho, que por fin haya algo de justicia, aunque vivimos en el peor Macondo judicial que se haya podido imaginar.

En otro blog leí el relato de una alumna del padre de esos angelitos. Dicen los estadunidenses que “el fruto no cae muy lejos del árbol”, y al parecer la arrogancia ante la ley y el sentimiento de superioridad es una constante en esta novela de desadaptación, permisibilidad e irresponsabilidad.

Creo que muchos, por no decir todos nuestros problemas, provienen de la educación y la convivencia, por eso tenemos un Estado cleptocrático, corrupto, una sociedad desigual, inequitativa, una carencia y ausencia de valores, lo que nos ha permitido coexistir con las peores formas de criminalidad, y una sociedad en donde nadie se salva, desde el estrato 1 al 6 hay problemas, el mismo Estado y el gobierno no dan ejemplo, y los “principitos” pueden hacer y deshacer a su antojo.

Yuliana representa tristemente también la figura de la típica victima colombiana. Una mujer, una niña, indígena, pobre, indefensa, desplazada a una ciudad alejada, costosa, inamistosa; una pequeña que desafortunadamente cayó en manos de un monstruo que representa la otra cara de la moneda; un niño rico, malcriado, estrato 6, acostumbrado a hacer lo que le viene en gana, la radiografía perfecta de esta sociedad en descomposición.

Es increíble que con los problemas de este señor su familia no lo hubiese obligado a una terapia de desintoxicación, o a un tratamiento psiquiátrico, solo hasta que la pequeña Yuliana murió asfixiada, abusada y golpeada, es que todos en su círculo se atrevieron a hablar. Acá no hay prevención, solo nos espantamos con el horror de turno para esperar el siguiente, somos producto de telenovelas, mitos, miedos y taras que como sociedad nos hacen llegar a este horrible nivel de descomposición.

Tenemos al peor asesino serial del mundo, como era un campesino pobre e ignorante y sus víctimas eran niños pobres y campesinos no pasa más allá de ser un capítulo del macabro folclor nacional, un desadaptado mas, nunca nadie se percató de 150 niños desparecidos, cuantas más víctimas habrán en Bogotá de estos psicópatas sin tratamiento bajo la mirada cómplice de amigos y familiares.

En el capítulo de hoy se buscaba mostrar al feminicida como un “muchacho bien” (como si los hubieran mal) muy alegre, rumbero y mujeriego, pero con “problemitas” de droga y alcohol, lo que sacaba sus demonios. Precisamente la “defensa” que buscaron crear sus encubridores dándole perico, aguardiente y lavando el cuerpo de la menor con aceite, al parecer otra de las prácticas del principito, pero mejor no digamos nada, pobre familia… ¿qué dirán en el Gun, en la Javeriana?, porque como los Samboní ya se devolvieron a vivir su infierno al Cauca ya no importan…

Tamaño reto tiene el Fiscal para que esto no se convierta en Colmenares II, pero a los periodistas y políticos un poco más de decencia, no mas populismo punitivo, mejor apliquemos lo que hay, y trabajemos en valores, ética y educación, seguramente así seremos algún día una mejor sociedad.

@andresbarretog

 

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