SANTANDERISMO…

No confiamos en la institucionalidad. Es así de sencillo, por eso somos tan prolíficos en normas, incisos, talanqueras, seguros, parágrafos y numerales. No es otra cosa que una clara manifestación de la desconexión que tenemos entre la palabra, los compromisos y su garantía. Derechos y obligaciones dirían los abogados.

Con inusitada generalización se califica a los abogados como los culpables de esto que se ha conocido en nuestro argot popular como “Santanderismo”. Una enfermiza tendencia a normarlo todo, regularlo y estandarizarlo, para después reformarlo, cambiarlo o desconocerlo… claro, por otra “interpretación” o figura similar.

Este es un inmerecido lastre que han tenido que cargar los abogados, les recuerdo que las normas las aprueban sus representantes electos, los congresistas, y por allí es por donde viene la génesis del problema.

Para ser congresista no hay que ser profesional, no hay que cumplir más requisitos que la edad, los votos y la nacionalidad, tampoco por el hecho de que sean doctores o posdoctores los resultados serán mejores o peores, es así porque la constitución dice que es así. (Ya no aplica lo de las condenas… las Farc van para el congreso).

Esto es simplemente un síntoma, las leyes las aplican e interpretan los jueces, a quienes nadie les reconoce un valor social relevante, el juez es visto con desconfianza, como un personaje siniestro, o simplemente como un burócrata inepto que escogió ese oficio por la seguridad de un puesto que no exige mayor esfuerzo, al “alto magistrado” – otro juez –, se le ve como un político o intrigante…

Otro síntoma de lo que está mal…

Las leyes las hacen cumplir las autoridades ejecutivas, administrativas y de policía; otros personajes que en la sociedad actual también están ensombrecidos por la duda, ¿son políticos?, ¿son abogados?, ¿son corruptos?, no lo sabemos, probablemente no todos, pero ellos también son víctimas del Santanderismo…

Estamos ad portas de la “refrendación” de un Acuerdo de Paz, y este episodio fue una clara radiografía de todo el diagnostico anterior. Falta de confianza, leguleyadas, desconexión, trapisonda, política, Santanderismo, marrullas, jueces, abogados, políticos; toda la fauna institucional nacional en pleno, la tragicomedia de cómo no creemos en las instituciones, no confiamos en nosotros mismos, todo es cambiante, y al final todo es culpa de todos para que así no sea culpa de nadie…

Con sorpresa a diario escucho a la gente reclamar de sus autoridades y representantes el cambio que se necesita, pero ¿salieron a votar?, ¿les hacen seguimiento?, ¿hay algún nivel de accountability?, ¿realmente nos interesa participar en cómo se desenvuelve el Estado?, ¿o esto no deja de ser un tema esporádico de conversación?

En Colombia lo público es como el futbol, todos somos DT después del partido u ocasionalmente, pero poco nos involucramos en los temas a fondo, tan poco que la abstención electoral supera el 60%, tan poco que el desconocimiento del “Acuerdo de Paz” y del “Nuevo Mejor Acuerdo” que se supone nos sacará adelante es pasmoso, las confusiones están a la orden del día, y la refrendación del tema más importante desde nuestra independencia es un debate adelantado en los medios de comunicación, con ligereza, o en tediosas jornadas “santanderistas” de un Congreso desprestigiado, inaportante, incomprensible, que no representa a nadie más que a ellos mismos y sus agendas, y a quién después culparemos si esto salió bien o mal.

“Los políticos son corruptos”, “los gobernantes son ineptos”, “los servidores públicos son fracasados”, “la policía no sirve para nada”, estas son las frases que se escuchan a diario en un bus, en una esquina, en un café…

¿No será más bien que es culpa nuestra?, ¿no somos generalmente apáticos con los temas que nos deberían importar y expertos de ocasión para comentar?

Pues bien, cursan al tiempo una reforma tributaria y un acuerdo (o Nuevo Acuerdo) de paz en el congreso, ¿no es grave esto?, el gobierno prometió renegociar un acuerdo y someterlo a refrendación popular, se incumplió, los políticos no representan a nadie pero tomarán las decisiones de fondo sobre dos temas que afectarán a todos los colombianos, expertos o no, votantes o no, apáticos o no; sus bolsillos (la tributaria), sus libertades (el acuerdo), su institucionalidad (el Nuevo Mejor Acuerdo).

No seamos apáticos pero tampoco seamos expertos de ocasión, no seamos apolíticos pero tampoco convirtamos el tema en debate de almuerzo familiar, no generalicemos el servicio público, pero tampoco olvidemos que así como exigimos derechos (cuando nos conviene) también tenemos deberes, no desconozcamos el rol social de las autoridades; vigilémoslas, acompañemos, exijámosles, pero tomemos acción.

El Santanderismo nos invadió porque así lo permitimos, porque no somos proactivos, porque confiamos en la institucionalidad cuando nos conviene pero pasamos la vida huyendo de ella, porque no todo es culpa de los abogados, ni de los políticos, seguramente entre ellos también hay gente buena, el cambio empieza por nosotros…

¿Qué leemos?, ¿Qué escuchamos?, ¿Cómo nos informamos?, ¿Cómo aportamos?, ¿Por quién votamos?, ¿Ante quién acudimos?, ¿Qué hicimos antes de que se generase un problema?

Llegará la tributaria y la refrendación exprés (fast track) con sabor a natilla y villancicos de fondo, estamos hastiados de las Farc, de los políticos, del “proceso”, del gobierno, de la economía, queremos abrir regalos, tomar un trago, descansar, y en enero regresaremos a pagar deudas (con más IVA e intereses), nos quejaremos porque todo sigue igual o peor, y esperaremos… de pronto en 2018 si va a ser…

Pues no será así mientras que no nos involucremos. Si no somos buenos ciudadanos no tendremos una mejor sociedad, y mucho menos un mejor país, por eso tenemos exceso de burocracia pero déficit de institucionalidad, por eso tenemos exceso de normas pero ausencia de derechos, por eso tenemos exceso de culpas pero impunidades a granel… ¡reaccionemos!, actuemos uno a la vez, así se genera el cambio, no hay que ser abogado, político, juez, ni policía; el poder popular reside en nosotros, la apatía y el Santaderismo nos lo quitaron, y cuando algo es de todos por formalismo no es de nadie, incluso en la democracia…

@andresbarretog

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