BREXIT: ¿EL OCASO DE LA UNIÓN EUROPEA?

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Por

Andrés Barreto

@andresbarretog

El sueño de una Europa unida alrededor de un proyecto económico común parece ser un capítulo más para los libros de historia. La salida del Reino Unido da muestras de que el ejercicio iniciado en la década de los años cincuenta, no parece superar las realidades del Siglo XXI.

Con un total de 17.410.742 votos a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), el BREXIT contó con una participación del 72% en el que los británicos decidieron que estaban mejor solos, que en el proyecto continental.

El hecho no es solo político, la relevancia jurídica y económica de esta situación es determinante. Recordemos que la UE era hasta ahora, el acuerdo internacional multilateral más profundo y con mayor grado de sofisticación, alcanzando unos niveles de integración económica, política, jurídica y migratoria sin precedentes, así como un derecho comunitario y una institucionalidad política y jurídica sin igual.

Nunca antes la UE había sufrido el abandono de uno de sus Estados miembros, sobretodo teniendo en cuenta la magnitud de lo que representa el Reino Unido, no solo para Europa, sino para la economía mundial.

La Europa de los 28 no había hecho sino expandirse desde sus inicios, y era el foro por excelencia para la inclusión, la libertad económica, jurídica y la libre movilidad en el sentido amplio del término.

El simbolismo de la Unión también era el de una Europa que hacía frente a la posguerra, y espantaba para siempre de sus fronteras abiertas una lucha tan cruenta y devastadora como la que se vivió durante la Segunda Guerra Mundial, en donde los otrora enfrentados, fungían ahora como socios de un proyecto común exitoso y envidiable.

Solo hasta el 2012 la Unión sufrió un amague de abandono con el ya superado “Grexit”, acrónimo con el que se tituló la eventual salida de Grecia de la Unión. Sin embargo, la situación griega difiere mucho de la británica, así como las consecuencias de la salida real y efectiva del Reino Unido lo serán para el espacio común.

Es preciso aclarar que el BREXIT obedeció a una expresión popular de referendo, sin embargo, el gobierno británico no está obligado aun a adoptar la decisión, debiendo esta surtir su trámite en el Parlamento, el cual pude optar por no aceptar la salida de la Unión.

Por ahora los efectos inmediatos del BREXIT se sienten en el orden interno, el gobierno de David Cameron finalizará en octubre tras la derrota sufrida en las urnas y, aunque jurídicamente posible, no se prevé que el Parlamento tome un camino distinto al de la voluntad popular expresada por el 72% de los votantes a favor del retiro británico.

El trasfondo de la salida del Reino Unido es mayor al que se conoce, el recelo entre la Europa continental y el Reino Unido, la moneda común, la banca central, y las diferencias entre la política migratoria y de seguridad común; fueron algunos de los episodios que mostraron que el Reino Unido fue pragmático con el experimento comunitario, pero quiso siempre mantener su independencia sobre muchas de las políticas comunitarias.

El Reino Unido entró a formar parte de lo que entonces se llamaba Comunidad Económica Europea (CEE) en 1973 y, tras renegociar las condiciones de su entrada, celebró un referendo en 1975 para su permanencia. Los británicos votaron a favor de quedarse, pero cuando en 1985 se creó el espacio Schengen, formado por 26 Estados que han abolido sus fronteras internas, decidió mantenerse al margen.

Aunque en 1993 sí se integró al mercado único, que promueve el libre movimiento de bienes y personas, no adoptó el Euro, y sigue teniendo su propia moneda, la libra esterlina.

El recelo entre el gobierno británico y la burocracia Europea con sede en Bruselas es otro elemento que nunca se pudo superar, y llevó a esa coexistencia tensa entre las relaciones políticas, económicas y diplomáticas entre el Reino Unido insular y orgulloso, y una Europa continental conformada por un eje Franco – Alemán, el cual debía soportar en mayor medida los costos políticos y económicos del experimento comunitario.

La salida del Reino Unido no solo afectará a la UE, sino que tendrá repercusiones en la Isla, la organización internacional era mucho más que una zona de libre comercio que incluía el movimiento libre de bienes, personas y capitales; así como unas dinámicas de inversión que también tendrán su costo en el PIB británico.

Cabe preguntarse si la libre movilidad, el reconocimiento de títulos, las políticas tributarias y las facilidades de inversión, no tendrán un elevado costo en la vida de los británicos y de sus corporaciones; lo que desde ya supone una tortuosa renegociación bilateral entre los británicos y los diferentes Estados de la UE, y aquellos terceros con los que se tenían tratados de libre comercio, entre otros compromisos.

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