UN CUENTO DEL BRONX

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Foto: Eltiempo.com

Por

Andrés Barreto González

@andresbarretog

Con este título se lanzó en 1993 la película dirigida por el actor y director estadounidense Robert De Niro, en donde un padre trabajador se preocupaba por el futuro de su hijo seducido por el jefe mafioso de su barrio, en una calle de la localidad neoyorquina del Bronx.

Paradójicamente la semana pasada Colombia se estremeció con las noticias que llegaban de Bogotá, en relación con la intervención del gobierno distrital en la denominada “calle del Bronx”. Cárceles clandestinas, casas de desmembramiento, secuestrados y esclavas sexuales, fueron solo algunos de los macabros hallazgos de las autoridades distritales.

A solo seis cuadras del Palacio de Nariño, sede la Presidencia de la República, se vive un duro contraste entre la criminalidad y la institucionalidad. Circundando una de las zonas históricas más tradicionales de la capital se encuentra esta escabrosa calle de los horrores, la cual daba un campanazo de alerta acerca de la degradación humana, el abandono, los horrores de la drogadicción, la prostitución forzada, el delito, y las condiciones infrahumanas en donde bandas y pandillas se disputan calle a calle el comercio de estupefacientes y el control armado de la zona.

Colombia, como Estado Social de Derecho, consignó en su Constitución Política (1991) los derechos de los niños como aquellos que prevalecen sobre los demás, pero en el Bronx, ese hoyo negro de la ilegalidad y la ausencia de derechos, una fuerza conjunta de la Policía y la Fiscalía encontró al menos 200 menores que eran víctimas de explotación sexual.

Por si fuera poco, el operativo reveló algo aún más desconcertante, en el Bronx se erigía una espantosa cárcel clandestina en donde se infligían castigos, torturas, y la pena de muerte para aquellos agentes del orden que eran descubiertos infiltrados, o las atormentadas almas que no tenían como pagar sus deudas de vicios y errores en esa meca del caos y la perdición.

Las fosas comunes, las celdas de castigo y los botaderos de cuerpos son entristecedores testimonios de una ciudad dividida en dos, la de aquellos que trabajan y luchan por salir adelante como en la cinta de De Niro, y la de aquellos que cayeron en las redes de la criminalidad, de la droga y de la perdición.

Así, la Alcaldía Mayor de Bogotá, su Secretaría de Seguridad, su Secretaría de Integración Social, la Policía, la Fiscalía y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, desplegaron un operativo que reunió a más de 2.500 personas que lograron atacar con contundencia el delito, a la vez que lograron rescatar las víctimas de la explotación, la esclavitud y el secuestro.

Lo que sucedió en el Bronx es una buena, aunque cruenta, radiografía de lo que puede suceder en el país cuando se adoptan políticas unidireccionales en materia de seguridad y orden. Sin contar con una adecuada dimensión del restablecimiento de derechos, de generación de oportunidades, de resocialización y de resarcimiento de la dignidad humana aquellos lugares serán reconquistados por la criminalidad y la ilegalidad.

Es por ello que la política de intervención en zonas como el Bronx no puede responder únicamente al uso de la fuerza, sino a una verdadera política de Estado en materia de restablecimiento del orden público, resocialización e integración social.

Es necesario contar con unas adecuadas políticas públicas que sean multidimensionales y que cuenten con efectiva y acertada coordinación, integración, oportunidad y seguimiento. Esta debe ser la oferta generosa de un Estado de Derecho para las víctimas; así como la judicialización, la sanción y el reproche deberá ser la respuesta efectiva frente a las despiadadas bandas criminales que gobiernan de facto estas zonas y las convierten en tierra de nadie.

Las ciudades, municipios y departamentos deben identificar locaciones criminales y trabajar en una política pública concertada y adecuada para hacer prevalecer el orden, sin olvidar la atención a las víctimas. Solo a través de un adecuado binomio entre contundencia y generosidad, y el equilibrio de la fuerza legítima y el restablecimiento de derechos se desincentivarán nuevos “Cuentos del Bronx”.

 

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