Nada esta acordado hasta que todo este acordado

Con esta frase se suele hacer el quite a las preguntas durante las negociaciones y cumbres, en las que se debaten temas sensibles que pueden incluir desde tratados internacionales y ceses al fuego, hasta procesos de paz.

Esta máxima de la negociación se ha visto reformada por la dinámica con la que se adelanta el mal llamado “Proceso de Paz”, que hasta donde sabemos, era un acercamiento, algo así como el hermano menor y distante de la negociación.

Sin embargo, el Proceso de La Habana se ha convertido en un enigma en donde, por lo menos yo, no tengo certeza sobre lo que se esta negociando, la validez jurídica de dichos acuerdos, y la efectividad y ejecutividad que los mismos van a tener.

Nos enteramos por los medios de comunicación que la “delegación” de negociadores del gobierno van y vienen y se reúnen a puerta cerrada con el Presidente de la República para ponerlo al tanto de a situación, sin embargo, más allá de ambiguos mensajes lanzados por el “jefe de la delegación”, Humberto de la Calle, nadie sabe a ciencia cierta de que se esta hablando y sobre que se esta acordando.

Le lección aprendida del “show” del Caguán dejó claro que la prudencia es la mejor herramienta, pero acá se le ha ido la mano al gobierno, el cual, ha mantenido un extraño doble discurso (una cosa dice de la Calle y otra Pinzón), y en la que, más allá de ciertas entrevistas y cruces de cartas entre uno y otro bando, no se sabe sobre que es lo que vamos a tener que acceder como sociedad para que se logre la tan anhelada paz, y cual es el compromiso y responsabilidad de las FARC en el mismo sentido.

Cuando se hizo público que se adelantaban negociaciones con las FARC en secreto, muchos analistas ya lo sospechaban, incluso el hecho de hacerlo público ad portas de una posible campaña de reelección y cuando llegaron los dos años finales de gobierno generó muchas suspicacias.

En las ultimas semanas, cuando las encuestas y mediciones de opinión le han sido adversas al gobierno y al presidente, se juega de nuevo la carta de que “ya hay acuerdos” – nos gustaría saber sobre que versan -, y que estas negociaciones han avanzado. Incluso periodistas como María Jimena Duzan, en entrevistas realizadas en La Habana, señala que cree en el proceso.

El último episodio de esta sui generis negociación fue el de la visita de un grupo de congresistas integrantes de la Comisión de Paz a La Habana, este acto tampoco ha estado exento de criticas, especialmente por el hecho de que no fue una visita oficial, sino más bien informal, patrocinada por una organización no gubernamental, razón por la cual, las opiniones o compromisos allí expresados, aun por el Presidente del Congreso, carecerían de validez jurídica.

No es cierto que quienes se oponen al “proceso” – salvo contadas excepciones – sean enemigos de la paz, tampoco que este mecanismo por el que ha optado el gobierno sea el más certero, lo único que quiere el pueblo colombiano es que cualquier acuerdo no sea presentando como un hecho consumado, ni que se refrende con una pantomima electoral.

Los temas de verdad, justicia y reparación, transversales para las víctimas – que en alguna medida lo hemos sido todos los colombianos – deben ser el eje fundamental de los acuerdos, sin olvidar el hecho de que mucho de lo que ha sucedido, de parte y parte, no se puede borrar de un plumazo con el afán electoral de hacer la paz a como de lugar.

Las alarmas internacionales están prendidas, somos Estado Parte del Estatuto de Roma y hemos aceptado la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, en igual sentido ningún acuerdo puede ir amarrado a continuidad, ni de las FARC en el camino del crimen organizado interno y transnacional, ni del gobierno de turno.

Esperamos que el llamado sea no a “caguanizar el proceso” como lo pedía el ex presidente Pastrana, sino a dar información verídica y exacta de lo que sucede, y consultar a todos los sectores sociales antes de sellar acuerdos definitivos.

La suerte del proceso y su eventual futuro reside en el pueblo, constituyente primario y único garante de que lo que se alcance tenga estabilidad y logre la paz tan anhelada.

@andresbarretog

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