La sinceridad que le costó el puesto

El Embajador Guillermo Cochez, representante de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA), se atrevió a decir en voz alta lo que muchos callan en aras de mantener una calma “chicha” en una organización moribunda y deslegitimada.

Lo más triste de la pantomima política venezolana es que tiene verdaderas connotaciones hemisféricas. Ningún Estado  – a excepción tal vez de los Estados Unidos – tiene como Venezuela semejante capacidad de inclinar la balanza regional y volverse tema de debate, tanto en los Estados, como en las organizaciones internacionales y otros foros multilaterales.

Esta vez – como ya ha sucedió en el pasado – el escenario fue la OEA, en donde, curiosamente, se defiende la democracia y el respeto por los derechos humanos (y el capitalismo) como los pilares fundamentales de un sistema interamericano que hace años da mas risa que seguridad.

En una organización dividida por las agendas ocultas, la silenciosa cooptación de algunos Estados sobre otros, y el hecho de que no todos los Estados americanos se encuentran representados y la democracia ha pasado a un segundo lugar, el hecho de que alguien alce la voz para recordarnos en lo que creíamos debería ser aplaudido y no castigado.

Guillermo Cochez se atrevió a decir en público y en voz alta lo que todos los Estados piensan, pero ninguno se atrevía a decir. ¿De que sirve una organización internacional que no toma cartas en el asunto y calla cómplice ante las flagrantes violaciones al orden constitucional y democrático?, pues no sirve de nada, como lo demuestra nuestra moribunda y burocratizada organización regional.

Pues bien, decir lo que había que decir le valió al Embajador Cochez la desautorización de su Gobierno – tan común en nuestras republicas  bananeras –, y además le costó su cargo.

¿Por qué en el seno de la Organización en donde esto se debe abordar no se hizo nada?, porque la OEA ya nos acostumbro a que no sirve para nada.

En un principio fue el modelo de unidad de un continente desconfiado y signado por la lucha bipolar, posteriormente fue el pilar de la democracia y la protección regional de los Derechos Humanos (lo que sin EEUU, sin Venezuela y sin Cuba, tampoco tiene mucha razón de ser), y finalmente quedó como una suerte de “veedora” de procesos electorales y de paz, lo que de paso sea dicho es otra tarea que se cumple mediocremente y que a nadie le interesa.

Ante lo que se debería pronunciar, como la flagrante violación del derecho interno e internacional en Venezuela, calla cómplice y prefiere mantener un bajo perfil que, en manos del Secretario Insulsa (un político clásico) es fácil y demuestra el poco compromiso de la Organización con su tratado constitutivo, a más de evidenciar que los intereses individuales y ocultos de los Estados prevalecen sobre el interés general de la región.

Cochez fue valiente y eso le costo el puesto, ¿para que sirve una organización en donde se habla de todo menos de lo que se debe hablar?, pues no sirve para nada como lo he señalado. En este siglo la OEA ha dado muestra de su incompetencia y su falta de pertinencia e interés, por lo que más bien deberíamos preguntarnos si urge una reforma, o mejor valdría la pena cerrarla y terminar con tanto descalabro económico en mantenerla viva con tanto desprestigio político.

@andresbarretog

 

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