No tenemos diplomacia …

De poco o nada nos sirve celebrar nuestro supuesto “buen momento”, el hecho de que internacionalmente nos hemos venido cerrando los espacios no es otra cosa que el desafortunado “tibetanismo” latinoamericano versión Siglo XXI.

Con ansias e ímpetus imaginábamos un rediseño en la política exterior, sin embargo seguimos teniendo más de lo mismo y, peor aun, crasos errores que ni en los ocho años anteriores se hubieran cometido.

El “pseudonacionalismo” que nos caracteriza – oportunista y malintencionado –, salió a flote con la derrota jurídica ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por un proceso mal llevado, improvisado, desconocido y absurdo en el que nos dejamos meter, apostándole mas a lo político que a lo jurídico, y por eso nos salió mal.

Pero más triste aun que el desenlace judicial – sobre el que no hay nada que hacer – es el hecho de que en el aire sigue rondando una gran pregunta, ¿será que en Colombia no hay diplomacia?

Pues no, al parecer no la hay, lo que tenemos es una carrera diplomática mediocre y lastimera que, además de quejarse de todos los gobiernos, igual trabaja de manera pusilánime y sumisa para ellos sin proponer ni cambiar nada.

Bien lo escribía Arlene Tickner en su columna del Diario El Espectador, en Colombia para llegar a ser Embajador de carrera basta con cumplir el tiempo y pasar unos exámenes, engorrosos si, pero ineficientes y que poco tienen que ver con la realidad internacional, también. (Léala acá http://www.elespectador.com/opinion/columna-391968-colombia-necesita-diplomacia).

Nos hace falta diplomacia, la diplomacia no es solo ir a cocteles, vanagloriarse con títulos (aunque no sean nobiliarios), ni irse de paseo, es estructurar un aparato calificado y eficiente, nos hemos gastado cientos de – por no decir miles – de millones pesos en estudios y análisis hechos por economistas acerca de que se necesita para una política exterior más eficiente, lo que ya de por si es un error, poner economistas a pensar en temas de política exterior, pero eso es lo que han hecho las misiones anteriores y han salido con la misma conclusión: fortalecimiento.

El fortalecimiento no significa abrir más puestos para que los ocupen los burócratas y las “corbatas” de siempre, fortalecimiento es analizar por qué no somos líderes en nada, por qué pasamos desapercibidos, por qué nadie exige cuentas antes de que pasen los fiascos (tipo el fallo de la CIJ), y por qué los Cancilleres siempre son políticamente irresponsables.

Hasta que no fortalezcamos todo el aparato difícilmente saldremos de ser lo que somos, una “república bananera” a la que nadie le hace caso, aunque los políticos internamente nos quieran vender lo contrario.

Lo que ha logrado el comercio exterior, los derechos humanos, la seguridad y defensa no lo ha logrado el Ministerio de Relaciones Exteriores, que es pobre y anacrónico, y depende de unas “momias de carrera” que solo deben pasar exámenes mediocres cada tres años para asegurar su puesto y su pensión.

Sin diplomacia moderna (cultural, comercial,  suave, multilateral, etc.) ni ampliación de los espacios en otras materias difícilmente se coordinará el sector. Lo que significó la apertura económica y ahora los tratados de libre comercio para el sector del comercio exterior, y lo que significó la lucha contra las drogas y ahora la lucha contra el terrorismo para el sector defensa, les ha permitido darse un capítulo aparte en la política exterior y ser los referentes de Colombia en materia de cooperación. Que lástima que quién debería hacerlo por mandato constitucional y legal – la Cancillería –, sea simplemente una oficina de tramite para nombramientos, un reino de nadie, y una institución a la que nadie ve con respeto ni interés.

El tema no es solo de presupuesto (el Perú en condiciones similares lo hace mil veces mejor que nosotros) pues bastante nos cuesta soportar un servicio exterior deficiente y mediocre. El problema es de organización, limitar las cuotas políticas, no utilizarlo como prebenda o castigo, sino basarlo en un esquema eficiente en el que sepamos vendernos, sepamos participar, y sepamos medir nuestras prioridades.

Que bien le haría también a esa carrera estática y perversa un buen remezón y sacar a tanto señorito arribista y cambiarlo por personas que en realidad tengan algún interés en servir, sepan hablar un segundo idioma, y estén conscientes del plan de vida que han escogido.

Este gobierno creó una Agencia Presidencial para la Cooperación Internacional, teóricamente esto debería haber fortalecido el sector, ¿alguien ha sabido algo de ella?, ¿alguien sabe para que sirve?, ¿alguien sabe cuanta cooperación ha tramitado y/o recibido?

En fin, miles de ruedas sueltas en donde algunas, como defensa y seguridad y comercio exterior funcionan bien, y otras que deberían liderar el sector funcionan muy pero muy mal.

@andresbarretog

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