Crónica de una derrota anunciada.

El espectáculo no podría ser más bochornoso, Colombia, que lo único que tenía para mostrar era ser la “democracia” más sólida de América Latina y un Estado respetuoso del Derecho Internacional, hoy echa por tierra lo único que en realidad importaba.

Este gobierno arrancó con ímpetus de ser el “líder regional” y hoy simplemente nos deja como un paría ante la comunidad internacional, el fallo de la Corte Internacional de Justicia no sólo afecto el status quo limítrofe, sino que dejó aflorar varios de los peores defectos de nuestra idiosincrasia.

De ser la estrella de América Latina en inversión, comercio, economía, y otras tantas cosas que ni a Usted ni a mí nos van a favorecer en nada, pasamos a recordar lo que es ser una verdadera República Bananera (republiqueta decía un ilustre internacionalista).

Los errores de una defensa jurídica internacional mal llevada, el aire de triunfalismo clásico del colombiano, aunado a un total y absurdo desconocimiento del Derecho Internacional, nos han dejado postrados, no solo como los derrotados ante una instancia judicial legitima, sino como unos malos perdedores pendencieros, arrogantes e ignorantes.

El “dolor de patria” de perder mar territorial no se puede comparar con el histórico abandono del Estado hacia las comunidades que se beneficiaban de éste, ni a el hecho de que San Andrés nunca ha sido una verdadera prioridad. Ya para que lamentarnos por una “industria pesquera” inexistente y una “pesca nativa” sin importancia para el gobierno central, ya para que inventarnos que estas son excusas válidas para renegar del Derecho internacional.

Colombia perdió en franca lid, la Corte es la instancia judicial internacional pertinente y competente para dirimir este tipo de controversias y así lo sabíamos, en reiteradas ocasiones – y por la incompetencia e ignorancia de muchos funcionarios – intentamos erróneamente hacer “leguleyadas” para salirnos de su jurisdicción, pero al final aceptamos las reglas del juego. Participamos en el proceso, nombramos agentes y equipo jurídico defensor, derrochamos en viáticos y salarios (de los agentes), dejamos a los mismos de siempre con nuestra suerte limítrofe y nuestra dignidad jurídica, y, como era previsible, perdimos.

Por supuesto que esta era una pelea histórica tan antigua como la consolidación de las repúblicas americanas, pero el proceso judicial inició en el 2001, hubo oportunidad de pararlo a tiempo vía negociación directa u otras tantas formas que prevé el Derecho Internacional, pero simplemente trazamos una estrategia errada, dejamos a los mismos de siempre liderarla, y los gobiernos de turno nunca se preocuparon por el caso, razones de peso para haber perdido estrepitosamente.

Ahora bien, Ma. Ángela Holguín encendió el debate desde la ignorancia jurídica, y meses atrás vaticinó el desastre, ahora se atornilla a su puesto con la excusa de que el proceso se inició hace más de diez años, valdría la pena recordarle que en ese periodo ella fue Secretaria General, Viceministra, Embajadora, etc., en el Ministerio de Relaciones Exteriores, razón por la cual en este caso la “ignorancia no es excusa”, más aun, los Ministros son los responsables políticos de sus carteras, y en este caso a la señora Holguín no solo le falto conocimiento, tacto y humildad, sino que ahora astutamente se vende como una “victima” mas del bochornoso fallo.

Y ni que decir del Congreso de la República, en donde los asuntos de soberanía y relaciones exteriores son temas de segunda categoría, pues lo importante es andar reformando leyes en beneficio propio, y mirando a ver que centavo se echan al bolsillo, he ahí otra de las causas del desastre, la indolencia y falta de control político.

Es triste ver como se engaña a la opinión publica aprovechando la ignorancia jurídica internacional y la sarta de “expertos” que sin ser juristas, sin haber estudiado derecho internacional, y sin mucho menos haberse leído una jurisprudencia internacional, se atreven a opinar desinformando y enredando.

La sentencia no admite recursos, es de última y única instancia, y su cumplimiento es obligatorio, el no hacerlo nos hará más daño a futuro, la desconfianza será aun mayor hacía nosotros en el concierto internacional, y estamos quedando como lo que alguna vez fuimos gracias al narcotráfico y la incultura, como un país facilista, conveniente, bravucón, y al que el derecho sólo le sirve cuando esta a su favor.

No nos laméntennos después porque más de 50 Estados en el mundo nos piden visa, ni porque nadie toma en serio nuestro sistema judicial y nuestro ordenamiento jurídico. De pretender pasar a ser el líder regional hoy somos parias peores que Cuba o Venezuela ante la comunidad internacional.

Un error no se arregla con otro, salirse del Pacto de Bogotá no afecta en nada el efecto de la sentencia, es una medida política desesperada y absurda por recuperar popularidad interna, pero que no tiene ningún efecto práctico, a la postre lo que hace es perjudicarnos internacionalmente, que triste que este sea el tipo de asesoría y medidas recomendadas por una Canciller improvisadora y su equipo.

Como para que lo tengan en cuenta Ecuador nos tiene demandados también por las aspersiones con glifosato, el desacatar un fallo y declararnos en renuencia sólo nos hará más daño regional e internacionalmente, que triste que nuestra ya de por si maltrecha y paupérrima política exterior quede sepultada definitivamente porque en lo único que todos somos iguales (el Derecho Internacional), fuimos derrotados y no los supimos manejar, aceptar ni prever.

 

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