“La Cumbre de las Américas” Vs. “La Realidad de los Pueblos”, el síndrome del nuevo rico del gobierno de Colombia.

“La Cumbre de las Américas” Vs. “La Realidad de los Pueblos”, el síndrome del nuevo rico del gobierno de Colombia.

Por: Andrés Barreto González

Se celebró en la ciudad de Cartagena la “VI Cumbre de las Américas”. Este es un evento político y diplomático que se ve contrastado por la presencia de los poderes económicos, jefes de Estado y de gobierno, la “sociedad civil”, y otros grupos de interés.

Una cumbre es una reunión de alto nivel (por los asistentes), en donde muy pocas veces se resuelve algo, o se logra un consenso jurídico vinculante sobre algún tema. Aun cuando no es menos importante, tampoco es una solución.

La gente vivió un éxtasis al tener a tan ilustres invitados en la ciudad de Cartagena, retrato perfecto de la desigualdad, inequidad y opulencia que hay en este país. Incluso, en el desolado pueblo de Turbaco (Bolivar), su exalcalde – cuyo ídolo es Barack Obama –, ha diseñando su casa como una replica tropical de la Casa Blanca, y ha conseguido un burro con pocos días de nacido para obsequiárselo al presidente estadunidense como recuerdo de la insignia de su partido.

La Cumbre, según información general no confirmada, costó cerca de USD$97 millones, lo que contrasta con los presupuestos de las entidades públicas, así como con las necesidades del pueblo cartagenero de a píe, generalmente sumido en la pobreza, desigualdad y falta de oportunidad.

Paralelamente se celebró también en Cartagena la “Cumbre de los Pueblos”, allí, como parangón, se hicieron presentes líderes sociales, grupos cívicos, partidos políticos de oposición, sindicatos, y algunos otros colectivos que también tuvieron ocasión de celebrar reuniones, hacer declaraciones, y de alguna manera hacer contrapeso al “show” oficial de ostentación y alto nivel. (Al parecer Clara López fue la única persona que declinó la invitación que le hiciera el gobierno para participar en la “Cumbre Oficial”).

Pero, más allá del burro, del malogrado himno entonado por Shakira, y de las ausencias previsibles (Chávez, Ortega y Correa), el malestar de Cristina, y el escándalo del servicio secreto con prostitutas de la ciudad heroica, es menester preguntarse, ¿qué nos dejó la Cumbre?

Pues bien, realmente la Cumbre (como todas) no son un fin en si mismas. Son eventos diplomáticos y políticos de gran calado como lo hemos anotado, pero sus conclusiones no son vinculantes, no representan ningún compromiso, y realmente nunca se ocupan de los problemas reales del continente, sino que sirven como escenario para “vender” al Estado anfitrión, y mostrar sus “logros” a los asistentes.

De la Cumbre no se podía esperar nada, realmente el producto final es la fotografía oficial y la declaración conjunta suscrita por los asistentes, sin embargo, en la nuestra, la foto fue la más pobre en asistencias de las últimas cumbres, y no hubo – como era previsible -, declaración conjunta, pues no hubo consenso sobre los temas abordados.

Esto último no es culpa de Colombia, finalmente el gobierno astutamente utilizó este escenario para traer al Presidente de los Estados Unidos, finiquitar detalles sobre la implementación del TLC, utilizar el tema como un espaldarazo en la confianza y seguridad de la que goza el país, y tratar de generar la idea de que Colombia es un jugador regional y un líder, lo cual, por supuesto, es muy pretensioso.

Más preocupante aun es que, lo más reseñado por la prensa nacional fue: el Air Force One, el escandalo sexual de los agentes del servicio secreto, y el burro “Demo” que finalmente no pudo viajar a los EEUU, sin olvidar las consabidas levedades sobre los “mejor y peor vestidos”, y que comieron o a donde fueron en sus ratos libres los invitados.

Internacionalmente al tema no le fue mejor: pocas referencias a la Cumbre, muchas referencias al servicio secreto y las prostitutas de Cartagena, y por supuesto, lo obvio, falta de consenso en cuanto a Cuba, Malvinas y Drogas, la molestia de Cristina, y la ausencia de Chávez, Correa y Ortega. (Aunada a la fallida reunión bilateral Santos – Rousseff).

Al final la vida seguirá igual, la Cumbre nos probó que América esta cada vez más dividida y que la OEA – a través de su Secretario General –, cada vez más desconectada de la realidad hemisférica, como lo evidenció su insulso discurso.

América – o mejor, Latinoamérica – parece seguir siendo ese territorio en donde el único modelo permitido es la “democracia del libre mercado”, en donde paradójicamente el disenso es la constante, y en donde Colombia quiere jugar como igual, sin percatarse de que Brasil, México y Chile nos llevan un trecho largo, y son interlocutores de mayor peso frente a los EEUU y la región.

Aun persisten nuestros problemas, pululan los debates mentiras y amaños sobre las cifras de la Cumbre, los trinos, desacuerdos y dilemas sobre lo que se hubiera podido hacer con el dinero, pero no nos quepa duda de que todo fue orquestado por nuestro presunto “buen momento”, sustento de querer vendernos la idea de que somos el “sueño latinoamericano”, o que el “momento” nos ha dado un nuevo protagonismo internacional, cuando en realidad no pasamos de ser el vecino pobre que se puso el mejor vestido y se gasto (o malgasto) el sueldo que no tenía, todo por quedar bien con sus vecinos y hacerles creer que es exitoso.

Ojalá este arribismo internacional no se vuelva a repetir, sin embargo, la mal llamada “Golden diplomacy” que se supone reina en Colombia nos hará participes de más “shows” como estos, en donde todo es forma y nada es fondo.

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